Por Iñaqui Gil

Mientras el PSOE culmina a tientas su viraje hacia lo establecido,Podemosse instala, con decisión, en la marginalidad. Ésta es la semana en quePablo Iglesias se ha convertido en el tonto útil de Carles Puigdemont y del independentismo catalán.

Hay que aclarar para los más jóvenes que ‘tonto útil’ es un concepto. No un insulto. Era la expresión con la que se definía a los simpatizantes de la URSS en los países occidentales. El término se atribuye a Lenin pero, como muchas verdades del comunismo, esto es pura fabulación. Eran útiles a la Unión Soviética, sin duda, aquellos intelectuales y reporteros que cantaban sus virtudes sin reparar en las evidentes maldades del sistema. Y tontos, por creerse los embustes.

Es lo que hizo Iglesias el lunes tras reunirse con Puigdemont en un restaurante cercano al Congreso. ¿Cómo era aquello tan reprobable de hacer política en los reservados de los restaurantes?

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En su ágape, el líder de la galaxia de la izquierda se comprometió con el president de la Generalitat a votar en el Congreso en contra del suplicatorio que el Tribunal Supremo va a pedir para abrir un procedimiento contra Francesc Homs. El hoy diputado era consellerdel Govern de la Generalitat que promovió la consulta del 9-N de 2014. El Alto Tribunal investiga si Homs, como apuntan los indicios, cometió los delitos de prevaricación y desobediencia al Tribunal Constitucional, que había prohibido el remedo de referéndum.

¿Cómo era aquello de que había que acabar con los aforamientos, ese privilegio de la casta, Pablo?

“Estamos en contra de que se lleve a nadie a juicio por poner las urnas”, justificaron en Podemos.

El mismo argumento que había utilizado el president horas antes en un desayuno informativo en Madrid: “Hay que hacer política en los parlamentos, en las urnas; no en los tribunales. Hay que sentarse en una mesa política y no en el banquillo de los acusados”.

Gloria Elizo, presidenta de la Comisión de Garantías de Podemos, declaró este mismo mes: “Entre los postulados básicos [del partido] está el derecho de autodeterminación“. No fue un comentario cualquiera sino su testimonio ante el juzgado número 28 de Barcelona en el que Enric Martínez Herrera pleitea contra su partido tras haber sido purgado por oponerse al derecho a decidir. Poca broma.

Ya dejó escrito George Orwell, testigo de la eliminación del POUM en la Barcelona de la Guerra Civil, en su célebre Rebelión en la granja: “Todos los animales son iguales, pero algunos más iguales que otros”.

Está claro que para Podemos, los catalanes y vascos somos más iguales que el resto de los españoles. Aunque luego maticen que quieren que todos sigamos viviendo juntos.

Por ese seguidismo del nacionalismo se extravió el PSC. Y por eso, y por situar decisiones políticas por encima de la ley, Pablo Iglesias se ha convertido en el tonto útil de todos los puigdemont de Cataluña y Euskadi.

Democracia versus legalidad es el sofisma que repite el nacionalismo catalán desde que se fue al monte. Poner urnas, consultar, es positivo. Respetar la ley, un corsé. Los tribunales, lacayos del poder frente al pueblo.

Es el mismo argumento que han utilizado los cachorros de Iglesias y de Ada Colau en Badalona tratando de declarar hábil el 12 de octubre. “Conmemora un genocidio, el de la ocupación de América. (…) Además, no nos gusta que sea fiesta”, explicó el teniente de alcalde José Téllez. Y el miércoles, rompió ante las cámaras la resolución judicial.

José Luis Pardo, reciente ganador del Premio Anagrama de Ensayo, advierte del peligro, en estas páginas de Crónica: “Esta idea que apela a un supuesto pueblo que estaría más allá del derecho y que te permite saltarte las reglas del juego, es pavorosa: el pueblo no precede a la Constitución, sino que nace de ella. Es lo que estamos viendo en Cataluña, en Estados Unidos, en Francia…”

Este otoño hemos visto a las fuerzas del independentismo catalán tirar por la borda la hoja de ruta de la desconexión. Y recuperar la zanahoria del referéndum. Puigdemont, en el desayuno del lunes, se mostró abierto a pactar la fecha, la pregunta, los porcentajes de participación para considerarlo válido, etc. Dejando claro, eso sí, que habrá referéndum soberanista. Porque lo pide el pueblo, según dicen las encuestas, arguyó.

Mientras tanto, en la patria chica del derecho a decidir, Bildu salió muy contento de su encuentro con la filial vasca de Podemos. El propio Arnaldo Otegi celebró la coincidencia en “dar pasos hacia un posible referéndum”.

Los abertzales suman un aliado español a lo que consideran un “derecho democrático” que “sitúa al pueblo vasco como sujeto político propio, ajeno a la soberanía nacional que reconoce la Constitución española de 1978“, escribió, preciso, Josean Izarra.

 

Lectura completawww.elmundo.es/cronica/2016/10/16/tontoutilnacionalistas

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